Oración por Israel

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El objetivo de este artículo, titulado “Oración por Israel”, es puramente espiritual. No buscamos ningún interés político, sino que deseamos que la verdad del evangelio de Yeshúa HaMashiach (Jesús, el Mesías) sea predicada a todas las naciones y que la justicia que emana del trono de la gracia se manifieste en todos los rincones de la tierra.

 

Introducción:

Como pueblo redimido “por la sangre” de Yeshúa HaMashiach, nuestra misión es interceder, clamar y orar a Dios Padre para que su pueblo escogido sea rescatado y guiado hacia la justicia divina.

Evitamos el término “cruzada de oración”, ya que en el contexto histórico y contemporáneo, puede hacer referencia a expediciones militares que tuvieron lugar en la antigüedad, lo cual no es nuestro caso.

Nuestra guía es la verdad. Como dice Juan 8:31, “…Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”

En las Sagradas Escrituras, específicamente en el Antiguo Testamento, se habla de la infidelidad de Jerusalén (Ezequiel 16). Esta infidelidad se refiere a la idolatría y la adoración de dioses paganos por parte de su pueblo, lo cual es una violación del pacto con su Dios, el incomparable Dios de Israel. En la Biblia, esta infidelidad se ilustra a menudo mediante metáforas de adulterio y prostitución.

En el libro del profeta Oseas, Dios Padre le ordena al profeta que se case con una mujer de mala reputación para simbolizar la infidelidad de Israel. Los hijos de esta unión reciben nombres que reflejan el juicio de Dios sobre Israel.

Además, en el libro del profeta Oseas, se describe a Jerusalén como una vid inútil (Ezequiel 15); se habla del castigo de la apostasía de Israel (Oseas 5); de la insinceridad del arrepentimiento de Israel (Oseas 6); de la iniquidad y rebelión de Israel (Oseas 7); y del castigo de la persistente infidelidad de Israel (Oseas 9-10).

 

Israel en la actualidad

En las últimas semanas, hemos sido informados por muchas noticias transmitidas a través de los diversos medios de comunicación y las redes sociales sobre los acontecimientos en la nación de Israel y los continuos ataques que ha sufrido desde varios frentes, desde el sur hasta el norte.

Además, hemos escuchado y leído sobre las supuestas causas espirituales que desencadenaron el ataque terrorista de Hamas, lo que se denomina en el derecho internacional humanitario, contra la nación de Israel. Sin embargo, estos tristes eventos actuales nos señalan, como está escrito en el libro de Mateo 24, las señales antes del fin y la venida del Hijo del Hombre.

La restauración de Israel

En resumen, el “HA-KADOSH, BARUJ HU” (EL SANTO Y BENDITO) es la seguridad para su pueblo Israel (Isaías 41:9-10), y restaurará a Israel, como está escrito: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando quite todos sus pecados.

Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos,

así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.

Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

¡Oh profundidad de las riquezas de las sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?

¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.» (Romanos 11:25-35).

 

Oración intercesora de Daniel por su pueblo

«Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos;

hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.

No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti.

Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes, de nuesros padres; porque contra ti pecamos.

De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado,

Y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.

Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque contra él pecamos.

Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos han gobernado, trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén.

Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad.

Por tanto, Jehová velo sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz. 

Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente.

Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente.

Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro.

Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.

Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones; y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias,

Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío, porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo». Daniel 9:4-19 – RVR 1960.

 

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