Bienaventurados los pobres…

«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:3)

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El versículo mencionado anteriormente contiene un mensaje central: una invitación a reconocer nuestra necesidad del Eterno Dios de los cielos y a abrirnos a su gracia. «Ser pobre en espíritu» es más que una condición de carencia; es un reconocimiento de que, como descendientes del primer Adán, hemos heredado una naturaleza caída y estamos en bancarrota espiritual.

Sin embargo, a través de la fe en Yeshúa Hamashiach (Jesús, el Mesías), podemos superar esta pobreza espiritual. Al creer en Él, somos espiritualmente enriquecidos y experimentamos la verdadera riqueza que proviene de una relación con Dios Padre. Esta es la verdadera solución a nuestra pobreza espiritual. Así nuestros «vasos de barro» pueden ser llenados con las riquezas espirituales que Dios ofrece. Esta es la promesa de la fe: una riqueza espiritual que supera cualquier pobreza material o espiritual que podamos experimentar.

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